Nedar

Nuotare

REGIA
Carla Subirana

CON
Leonor, Ana y Carla Subirana

ANNO
2008

NAZIONALITÀ
Spagna

DURATA
90 min.

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Nedar

Nuotare

La Nueva Ola //

La preocupación por la Memoria excede la geografía y se nos impone como una característica de nuestra época, como la evidencia de un cambio de paradigma en la cultura Occidental. Si el Siglo XIX y la primera mitad del XX estuvieron regidos por la presencia cotidiana del futuro como destino al que nos convocaban los distintos discursos constitutivos de la Modernidad; las últimas décadas del Siglo XX vieron surgir esta preocupación por la Memoria como característica de la práctica cultural y política de los Estados. El punto de quiebre es sin dudas  el Holocausto (Shoah), ayudado por el imperio del estalinismo,  que determinaron la quiebra de las promesas a futuro que insuflaban el andar de la humanidad. Los destinos manifiestos, los paraísos venideros y las vanguardias fueron cayendo en desuso al tiempo que los acontecimientos pasados fueron ganando más y más espacio en los distintos discursos.

Pero si bien es un signo de los tiempos, en cada caso concreto la construcción de Memoria estructuró a partir de los acontecimientos traumáticos que cada sociedad había vivido. Partiendo del Holocausto como tropo universal, cada sociedad encontró o construyo aquello que no se debía olvidar, aquello que no se debía repetir.

La época insufla una dirección a la mirada, pero en cada latitud la forma que adquiere es distinta, porque remite a procesos reales que son disímiles. Es interesante percibir esas diferencias en los relatos cinematográficos que cada sociedad elabora.

Nadar es un maravillosos ejemplo de esta problemática, aborda temas similares a los que Los rubios (Albertina Carri, 2003) o Papa Iván (María Inés Roqué, 2004) trabajan desde la Argentina; o a los que Patricio Guzmán trabaja desde la historia chilena con Chile, la memoria obstinada (1997) y Salvador Allende (2004); pero los discursos, los tratamientos y los resultados son totalmente distintos.




Nadar parte desde lo familiar sin dar mayores pistas. Su directora emprender un recorrido absolutamente personal por la historia de su familia, por lo que parece la decisión de un par de mujeres de vivir sin hombres, pero una de las primeras comprobaciones a la que llegamos es que ese recorrido está signado, determinado, por la historia de España. Lo único que Subirana  recibe como información de su abuela es un nombre: Juan Arroniz, y una breve información: fue  fusilado por el franquismo.  No hay ni historia ni imágenes.  Como le dice con total lucidez Joaquín Jorda, en 1940 era mucho más fácil ser una madre soltera que la viuda de un fusilado. La historia de las Subirana es una historia familiar, y al mismo tiempo una astilla de la historia de España.

            Podríamos pensar que la vocación por hablar de la historia española se desprende del hecho que entre los dos hombres ausentes, el relato que se elige contar es el de la búsqueda del abuelo y no del padre. Probablemente la ausencia del padre esconda menos misterios, tenga menos implicancias.

Lo más sorprendente de la investigación de Subirana no es lo que descubre, sino aquello de lo que parte: no solo la ausencia de relato familiar vinculado a los hombres, sino algo aun más radical, la ausencia siquiera de nombre para ese hombre que estaba en el origen del núcleo familiar: el abuelo. Carla Subirana no sabe nada de su abuelo, pero su madre, Ana Subirana no sabe siquiera el nombre de su padre. En sesenta años de vida esa mujer nunca sintió la necesidad de preguntar sobre su padre; y su madre, Leonor tampoco sintió necesidad de hablar sobre ese hombre que era el padre de su hija. Esta podría ser una historia familiar, un tanto extraña, de cualquier latitud y época; pero cundo la ubicamos en su contexto: la España franquista, no podemos dejar de asociar esa actitud con la sociedad en la que aconteció. No podemos dejar de pensar en cuarenta años de franquismo, de ocultamiento, de silencio, de miedo, como patrón de la conducta social impuesto desde el Estado. No podemos dejar de pensar en que ese silencio sobre el pasado es también uno de los pilares de la transición española.

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